El dulce sabor de su voz alimentando el silencio, aquellas frases que no llegaban jamás a su fin, ese listado de necesidades que iban saliendo en el momento con la intención de comulgar mas aspectos de unión, aquellos acuerdos que mordían mi oreja durante el día como estimulo a la memoria y aquella compañía que no perecería jamás la cual hacía que el mismo olvido se arrodillara a sus pies. Cada ejemplo fortuito que brotaba si necesitábamos explicar el por qué de tanta lucha, cada emoción por la simpleza de amar y sentir a Dios.
Esa manía de engrandecer todo ahí nació, elogiábamos cada delicado rasgo del paisaje que contrastara nuestro amor con la intención de gratificar a la vida por darnos la oportunidad de vivir ese momento. Eran horas dando gracias. Podíamos sin ningún pudor decirle a las personas qué significaba estar juntos antes de saludarlas, si gustábamos lo gritábamos. Nada era mejor que estar juntos, podíamos irnos de cualquier fiesta por muy grande que esta fuese ya que sabíamos que la diversión estaba siempre al final del día entre cuatro de nuestras paredes. El amor, ese sentimiento que también ama, trasladándose de llama en llama aclarando su intención y coloreando la oscuridad de lo que las estrellas no podían tocar; ese viejo amigo que ya no está.
También estoy viejo, vivo en una pensión ubicada en la calle Simón Bolívar en donde iluminan el jardín con velitas pálidas dentro de frascos transparentes, atestado de personas tristes que no tuvieron la fortuna de conocer el amor como yo, un simple hombre que Jesús pastor trajo a esta tierra costera. Mas a mi gran amor también recuerdo como tocar el piano y cada vez que lo hago, recuerdo el dulce sabor de su voz alimentando el silencio, aquellas frases...
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jueves, 19 de septiembre de 2013
Pianista de jardín
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sábado, 5 de marzo de 2011
Jaula & Sueño
Aquel hombre que nadaba contra la corriente, le caía el cielo en su espalda y traspasaba cada gota de agua que levantaba al nadar y nadar... Al momento de alcanzar la orilla, con sus pies sobre la tierra se impulsó para así cometer un fingido error, un nuevo naufragio cursó y el paisaje nunca estuvo a su favor. Su visión era sencilla, guiada por la luz del sol reflejada en sus ojos cafés jamás cerrados desde su nacimiento profano. Su única fantasía era comerse la fruta del árbol al otro lado de su jaula. De que manera él podría si quiera tocar la fruta... De que manera podría bañarse en la miel dulce de aquel panal... De que manera podría un hombre sin sueños ser feliz. Al golpearse con una rama aquel hombre cayó y su vista se nubló. Estaba perdiendo lucidez y al encontrarse sin fuerzas, este esclavo se desmayó. Este hombre pudo soñar y en sus sueños voló sobre una mariposa tan grande como el océano azul, observando todos los árboles que entregaran frutos. Al tocar la fruta que había escogido despertó. Se encontraba con cinco costillas rotas, una pierna ensangrentada y la cabeza partida. Lo habían masacrado dos reos que sentían envidia de aquel hombre. El hombre sin inquietarse, con sus lágrimas de emoción que brotaron gracias al sueño, se lavó el cuerpo. Les contó con entusiasmo que había descanzado e ilusionado gracias a ellos dos por desmayarlo con aquel golpe. Arrastrándose, el hombre intentó abrazarlos pero estos mientras se les acercaba, le proporcionaron con un fierro su muerte. Llegaron los gendarmes y al ver un hombre muerto, inmediatamente culparon a los únicos dos compañeros de celda que tenía, los tomaron y los golpearon brutalmente. Por desgracia uno de ellos murió. Al otro lo aislaron en una celda oscura sin ventana ni espacio suficiente para poder estirarse en el piso. El plan de estos reos era sencillo: Ser golpeados con mucha más fuerza para así poder permanecer desmayados mas horas que el primer hombre.
El reo completamente agotado se desmayó. Dentro de su cabeza, un duendecillo buscó alguna imagen que estuviera bien grabada para convertirla en un sueño, pero lo único que encontró fueron recuerdos de la golpiza que le había dado al hombre, luego la de los gendarmes y por ultimo de la habitación oscura y sin espacio. El reo completamente loco despertó, gritando como un cerdo que no tiene perdón. Una pesadilla había acabado con sus ganas de soñar y en horas los ojos no cerró. Luego de calmarse, pensó en por que el plan no resultó y cuenta se dio que nunca por la ventana como aquel hombre miró.
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